sábado, 15 de junio de 2013

Bello escrito griego, muy antiguo. Amentet


AMENTET Dime, Amentet, Diosa de los bellos caminos del Oeste, ¿adónde conduce el sendero de la soledad? ¿lo sabes Tú, oh perpetuamente sola? He dejado el río, allá atrás, lleno de gentes, de palabras, y de sueños; he subido a este monte árido y muerto. ¡Te buscaba a Tí, Amentet, mi bienamada! Pero Tú eres fugitiva y reidora y te escapas siempre de mis brazos, y huyes hacia la luz dorada, hacia corolas de flores, hacia el rumor del agua... Por eso he subido a este monte árido y muerto. ¡Quiero poseerte Amentet, toda y para siempre! No huirás esta vez: porque aquí no tienes adónde huir sino a mi corazón. Mírame a los ojos, Amentet, y ¡ámame!. Solos estamos en este círculo de muerte; solos y desamparados entre polvo estéril y piedras calcinadas. Todo es gris, menos el negro abismo de tus ojos, ¡Ámame, Amentet, Tengo hambre, una hambre infinita de besos, ¡de tus ojos, Amentet! tengo sed... una sed de fuego que sólo Tú puedes calmar. ¡Oh Amentet, Amentet...! ¿Para qué quiero el Poder y la Gloria, si te tengo a Tí? ¡Tú eres mi Poder y mi Gloria! ¡Y mi pobreza!, y mi llanto! y mi posesión! ¡Tú, Amentet, la amada de mi alma, la que mansamente me persigues!Tengo hambre y sed de tus ojos limpios... Por Tí he subido a este monte árido y muerto. He recorrido los caminos y te he buscado entre el turbión de la muchedumbre. Gritaban y pedían y me lo robaron todo, hasta dejarme sólo y desnudo. He gritado tu Nombre a lo largo y ancho de la tierra; he preguntado por Tí y a todos he dado tus señas; pero ellos no entendían, no podían comprender cómo era mi amada, mi perfecta. ¿Cómo describirles tu sonrisa y la tempestad de tus lagos quietos, Amentet, cómo explicarles la claridad de tus ojos negros y el huracán de tu amor? ¡Amentet...! ¡Amentet...! Dime, oh Diosa de los caminos desiertos, dime por qué camino he llegado a tu corazón que ya no me acuerdo. Todo quedó allá, en el valle, donde no hay más que sombras. También dejé los recuerdos, ¿para qué los quería? Hablaban... hablaban... narraban cuentos del desierto, una vez, y otra... y otra... Hablaban y Gritaban. ¿Porqué, lo sabes Tú? ¿Porqué sonríes, Amentet; te burlas? Hablaban...; decían algo de dioses... cosas sin interés. ¿Qué me importan a Mi los dioses, Amentet; sólo me importan tus besos! Hablaban... Cuentos del desierto; siempre cuentos del desierto. Las noches eran largas... ¿lo recuerdas? Cuentos viejos escritos en cueros tan viejos como ellos. Cuentos de pastores, increíbles, ingenuos o terribles. Cuentos... Prodigios... batallas... castillos encantados--- dragones... gigantes... Cada uno contaba los que sabía; ¿conté Yo alguno también? Quién puede saberlo... Yo hablaría de Tí, de mi amada, de mi perfecta, de tus ojos luminosos, de tus besos de fuego ¡Hablaría de Amentet, La Única, La Gloriosa, La reina divina del desierto de Occidente! Hablé de tu reino Verde... ¿por qué hablé de tu reino Verde, Amentet? ¿Por qué no hablaría de este monte árido y muerto, donde únicamente te puedo poseer? O tal Vez lo hice, pero... ¿Cómo podrían entenderme? Yo hablé que tu reino Verde era como una lágrima; o como un pájaro de fuego que convierte en cenizas a su cazador; o como un grano de trigo en una mano apretada; o como un tesoro de faraón perdido para siempre en el mar. ¡Porque nadie puede poseerte, oh Amentet, sino desnudo y estéril!..

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